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Más que Juanitas del Mar

Reflexiones de Valentina Muñoz Farías, Fundación Mujeres de Mar

El sector pesquero en Chile tiene un reconocido aporte a la economía del país, entrega puestos de trabajo y es fundamental en términos de salud y seguridad alimentaria. A pesar de su importancia, los trabajos en la pesca artesanal suelen estar precarizados. Esto se agrava para las mujeres del rubro, para quienes las brechas de género han forjado un ambiente antagonista que genera grandes desventajas1.

De acuerdo con Subpesca, en el año 2019 un total de 22.844 mujeres se encontraban inscritas en el Registro de Pesca Artesanal (RPA)2, lo que corresponde aproximadamente al 24% del total de personas registradas3. Sin embargo, sabemos que el RPA no refleja la realidad de la participación de las mujeres en el sector pesquero del país.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señala que a nivel global la participación directa de las mujeres en la pesca y acuicultura corresponde al 14% del total. Sin embargo, cuando se consideran todas las actividades de la cadena de valor de los recursos pesqueros, es decir, la pre y post-captura, el porcentaje de participación de mujeres asciende a la mitad de la fuerza laboral4.

De esta manera, el RPA está sesgado a sólo algunos oficios pesqueros, invisibilizando, ignorando y desvalorizando la importancia de los oficios y actividades realizadas por mujeres. Algunas de ellas se dedican a la captura de recursos marinos saliendo a pescar en altamar, buceando o recolectando algas y/o mariscos desde la orilla de la playa. Otras –muchas–, participan en las cadenas de valor desde la tierra. Ejecutan oficios complementarios pero indispensables para la captura, el procesamiento y la comercialización de los recursos. Por ejemplo, previo a la captura, encarnan los anzuelos y fabrican y reparan las artes de pesca. En los muelles y caletas se encargan de recibir las capturas, comercializarlas y administrar el trabajo. Limpian y filetean pescados, desconchan moluscos y quitan el caparazón de los crustáceos para posterior transformación y/o venta directa. También se encargan de dar valor agregado a sus productos, charqueando (secado al sol con sal), ahumando, cocinando, o convirtiendo en subproductos como harinas y un sinfín de derivados innovadores (cosméticos, artesanías, suplementos alimenticios, productos gourmet, entre otros). Estos trabajos se han catalogado en algunas regiones como actividades conexas5.

Adicionalmente a las labores productivas recién mencionadas, las mujeres de la mar son responsables de realizar labores reproductivas y administrativas. Cumplen con roles de cuidado doméstico, crianza, apoyo y vigilancia en las comunidades, así como participan activamente en actividades relacionadas a la conservación y el monitoreo de los recursos pesqueros.

Como se mencionó anteriormente, muchos de estos roles y oficios no están reconocidos. Al ignorar y no reconocer cuantitativamente a las mujeres de mar, se desvalorizan sus labores productivas y reproductivas, invisibilizándolas y dejándolas en desventaja frente a sus compañeros, colegas, familiares y esposos. Además, su baja representación en procesos de toma de decisiones produce sesgos y brechas en las políticas públicas y en los esfuerzos de gestión y manejo de los recursos que extraen, retrocediendo en materias de sustentabilidad y conservación marina6.

A continuación, se presentan algunos ejemplos de historias, anécdotas y experiencias de las mujeres que hemos tenido la oportunidad de conocer a partir del trabajo de la Fundación Mujeres de Mar. Hemos cambiado sus nombres para velar por su privacidad.

A Macarena, quien a pesar de demostrar interés y capacidades para ser pescadora artesanal de altura (pesca extractiva en altamar), le fue negado por mucho tiempo el acceso a las embarcaciones sólo por ser mujer. Además, recibía comentarios –indeseados y fuera de lugar– sobre su cuerpo, senos y trasero. Ante esta situación, se disfrazó de hombre, cortó su pelo y se hizo pasar por uno más de ellos para que tomaran en cuenta sus capacidades a pesar de ser mujer. Hoy en día Macarena es una reconocida pescadora de su caleta y tiene su propia embarcación. El trabajo en altamar es probablemente uno de los más duros y sacrificados, además de peligroso. Aún así, las mujeres involucradas en éstos no cuentan con seguros de vida, o previsiones que les permitan acceder dignamente al sistema de salud.

Dafne es profesional, pero por la pandemia tuvo que dejar de ejercer y, por necesidad, comenzó a trabajar con su padre (buzo) como su asistente. Ahora ella también es buza y aficionada de los videos y fotos submarinas, está encantada con el mar y reconoce el tiempo perdido por no haber entrado antes al agua. Dafne también preside una cooperativa de buzos/as mariscadores/as, pescadores/as artesanales y recolectores/as de orilla en su caleta. El objetivo de esta organización es la reconversión, protección y sustentabilidad de los recursos marinos, y la recuperación de la biodiversidad y de la cultura de la gente de mar. Para ello, buscan el reconocimiento de los pueblos originarios, trabajando colaborativa y estratégicamente con la comunidad indígena del sector y las autoridades regionales.

Carla tiene 29 años y trabaja como pescadora artesanal. Lleva 4 años ejerciendo este oficio y aún no ha podido incorporarse al sindicato de su caleta por burocracias y exigencias que parecieran ser sólo para ella. A pesar de eso, Carla ha tomado contacto con dirigentas de otras regiones del país y con ellas forma parte de una importante red nacional de mujeres de la pesca artesanal.

La señora Rosa es recolectora de orilla. Señala que la mar les provoca enfermedades y un rápido deterioro a las personas que trabajan en ella, ya que las condiciones son precarias y no hay suficiente apoyo estatal. Nos cuenta que la mayoría de las mujeres recolectoras no usan traje de buceo, ni tienen implementos adecuados para trabajar en la mar. Usan su propia ropa, por ejemplo, envolviendo sus zapatos de vestir en género o calcetas viejas. Rosa también es dirigenta, pues reconoció irregularidades, malas condiciones laborales y escasez de beneficios para quienes trabajan del mar. Muchas veces lloró de rabia por ser una de las pocas mujeres en un rubro dominado por hombres. Sus compañeros le decían que fuera a lavar loza durante las reuniones. Tuvo que hacerse presente; abrirse camino. Le costó. Llegó a usar gritos y garabatos para hacerse escuchar y respetar. Hoy en día, el respeto prevalece en su organización.

Dado el auge del empoderamiento femenino y la precarización del trabajo de las mujeres de la pesca artesanal en Chile, en 2019, un grupo de dirigentas lideradas por Sara Garrido (Coliumo) propuso un proyecto de ley que modifica la Ley General de Pesca y Acuicultura (LGPA) para incorporar el enfoque de género y reconocer las actividades conexas. El presente año se aprobó la modificación de la LGPA, por lo que se reconocerán –al menos políticamente– a las mujeres que trabajan en la mar.

Desde el estereotipo, las mujeres de mar son típicamente señoras Juanitas. Tienen entre 30 y 60 años; habitan zonas costeras generalmente rurales; muchas son de bajo nivel socioeconómico y pocas de ellas tienen escolaridad completa. Realizan labores y trabajos que requieren grandes esfuerzos y sacrificios físicos, mentales, familiares, sociales y económicos. Muy comúnmente se iniciaron en los oficios de pesca artesanal por necesidades económicas y de subsistencia. Adquirieron los conocimientos para realizar estos oficios como herencia de sus comunidades, familiares, padres y madres que encontraron anteriormente en la mar sustento para ellos y sus familias.

Desde la –reciente– experiencia de la Fundación Mujeres de Mar, podemos decir que estas mujeres son mucho más que Juanitas. Traen consigo la fuerza y potencia del mar con la que son capaces de levantar varios kilos sobre sus hombros, caminar por aguas gélidas a pies descalzos y, con sus manos desnudas, mover piedras y recolectar recursos que luego transforman productos de gran valor. Son apasionadas por su trabajo y tienen un gran apego y conexión con la mar. Han sido capaces de organizarse, reconocer problemas y buscar y encontrar soluciones, a nivel individual o colectivo, para sus familias e incluso sus comunidades.

Pese a ser invisibilizadas, las mujeres de mar han demostrado ser imprescindibles, capaces, pensantes, emprendedoras e innovadoras. Poseen saberes y conocimientos tradicionales de gran valor histórico, patrimonial y ecológico. Son la señorita Viviana, Josefa, Bárbara, Carolina. Son la señora Roxana, Soledad, Rina, Margarita, Vanessa, Gisella, Cecilia, María… Tantos nombres más que Juanita. Cada una de ellas tiene una historia que contar y vivencias personales. Experiencias únicas y valorables por su implacable espíritu de lucha y fuerza innata. Son madres, jefas de hogar, administradoras, dirigentas y lideresas sumamente trabajadoras y esforzadas que pocas veces son reconocidas y que han tenido que enfrentarse a las situaciones más hostiles y adversas, arriesgando sus vidas y poniendo en juego su dignidad, salud y bienestar.

Estas mujeres nos han entregado mucho, y les hemos devuelto nada o muy poco. Tenemos una gran deuda con ellas.




Referencias:

1Falta de participación en espacios de tomas de decisiones; trabajos informales; brechas en sueldos; desigualdades laborales; falta de oportunidades; falta de reconocimiento; violencia de género; dependencia económica; problemas económicos; entre otros.

2Instrumento estatal que permite la inscripción formal de armadores, pescadores artesanales, recolectores de orilla y buzos mariscadores para acceder a cuotas y permisos de pesca. Cabe señalar que es uno de los pocos -sino el único- instrumento que permite obtener datos estadísticos sobre quienes trabajan en pesca artesanal.

3Godoy, M., Bolbarán, D., Rejas, R. M., Correa, V., Pérez, R. & Contzen, C. (2020). MUJERES Y HOMBRES En el Sector Pesquero y Acuicultor de Chile 2020. Edición N° 14 de 2020. Subpesca, Sernapesca y Dirección de Obras Portuarias. Valparaíso, Chile.

4FAO (2020). The State of World Fisheries and Aquaculture 2020. Sustainability in Action. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations.

5Ver https://www.mujeresdemar.cl/oficios-de-mar/.

6WSI (2020). Let’s Acknowledge Invisible, Ignored and Unrecognized (IIU) Women in the Seafood Industry. Jacksonville, FL: FIS.

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